La isla debe su nombre a la pequeña iglesia de San Nicolás, patrón de los marineros, que se alza en ella. Está deshabitada, y sus costas salvajes están jalonadas de playas de guijarros y calas de agua cristalina, mucho más tranquilas que las concurridas playas de tierra firme. En la isla, que es un espacio natural protegido, viven ciervos y muchas aves marinas.
En verano, pequeños barcos y taxis acuáticos salen del puerto junto al casco antiguo de Budva y de la playa Slovenska, y tardan solo unos minutos.
Lleva agua y protección solar, porque hay pocos servicios fuera de la playa principal, y comprueba la hora del último barco de vuelta.





