El edificio perteneció a la orden franciscana hasta que fue confiscado en 1946 y convertido en la sede local del aparato de seguridad interior. Los almacenes de la planta baja se transformaron en celdas de detención e interrogatorio, donde se retenía a los presos antes del juicio; tras la condena se les enviaba a prisiones y campos de trabajo, y a algunos a la ejecución. Entre quienes estuvieron aquí se encontraba el sacerdote franciscano y escritor padre Zef Pllumi. El lugar siguió en uso hasta la caída del comunismo y se abrió como museo en 2014.
Se entra por un pasillo de hormigón hasta las celdas originales y las salas de interrogatorio, muchas de ellas prácticamente como estaban, con inscripciones de los presos todavía en las paredes. Fotografías, nombres y testimonios de quienes fueron encarcelados, ejecutados o internados, junto con objetos personales y cartas donados por antiguos presos y sus familias, ponen rostro humano a la historia de la represión.
Es una visita dura pero esencial para cualquiera que quiera entender el pasado reciente de Shkodër.








