El edificio es conocido sobre todo por el monumental mosaico que hay sobre su entrada, Los albaneses, terminado en 1980. Con unos 40 metros de largo y 11 de alto, muestra figuras de distintos periodos de la historia albanesa y es un llamativo ejemplo de arte del realismo socialista, ligeramente modificado tras la caída del comunismo.
En el interior, la colección de unas 5.000 piezas se organiza en pabellones temáticos, entre ellos la Antigüedad, la Edad Media, el Renacimiento Nacional, la Independencia y el Pabellón de Iconografía, con iconos posbizantinos de pintores como Onufri. En 2012 se añadió un pabellón dedicado a las víctimas de la persecución comunista.
En 2024 el museo cerró por un gran programa de renovación que se espera que dure varios años, así que conviene comprobar su situación antes de planear la visita. El mosaico de la fachada sigue a la vista desde la plaza y es una de las imágenes más fotografiadas de Tirana.
Tanto si entras como si te limitas a admirar el mosaico, el Museo Nacional de Historia es un punto de partida natural para entender el pasado de Albania.








