La cueva tiene unos 360 metros de recorrido y hasta 15 de ancho, con salas decoradas con estalactitas y estalagmitas. Su importancia científica es considerable: dentro se han encontrado huesos del extinto oso de las cavernas, junto con rastros de personas prehistóricas que usaron la cueva en el Paleolítico. Está protegida como monumento natural.
La aventura empieza en Pëllumbas, desde donde un sendero señalizado de unos 2 km sube a lo largo de la garganta, con bonitas vistas del cañón del Erzen; calcula entre 45 minutos y una hora en cada sentido. Pasada la entrada, la cueva está completamente a oscuras, así que lleva una buena linterna o frontal, calzado resistente y algo de abrigo, y mira dónde pisas en el suelo irregular. En el pueblo hay guías y equipo disponibles, y en verano muchos visitantes terminan el día en las pozas naturales del río.
Con su combinación de una caminata pintoresca y un vistazo a la prehistoria más remota, es una escapada fácil y memorable desde Tirana.








