El memorial se creó por iniciativa del escritor y antiguo disidente Fatos Lubonja, que pasó 17 años como preso político en el campo de trabajo de Spaç, junto con el artista Ardian Isufi. Su nombre recuerda los puestos de control que vigilaban el Blloku, el barrio cerrado donde vivían los dirigentes comunistas del país y en el que los albaneses de a pie no podían entrar.
La instalación reúne tres elementos simbólicos. Un búnker defensivo de hormigón, uno de los miles que se construyeron por todo el país, se alza junto a un fragmento del Muro de Berlín de vivos colores procedente de la Potsdamer Platz. A su lado hay soportes de hormigón de la mina de la prisión de Spaç, donde los presos políticos fueron obligados a trabajar entre 1968 y 1990. Juntos hablan del miedo, del aislamiento y de la caída final del Telón de Acero.
Postbllok se ve en pocos minutos, pero es una parada que invita a la reflexión en cualquier paseo entre el centro de la ciudad y los cafés del Blloku.








