La tradición local atribuye su fundación al emperador bizantino Justiniano I en el siglo VI, aunque el edificio que se ve hoy suele fecharse entre los siglos X y XIII. Durante siglos la iglesia guardó un fragmento de la Vera Cruz, que según se dice fue un regalo imperial y estaba engastado en una cruz cubierta de oro, lo que dio al pueblo su nombre, ‘Labovë de la Cruz’. La reliquia desapareció en 1989.
Por fuera, la iglesia impresiona con su alta cúpula circular y sus muros de piedra y ladrillo dispuestos en dibujos decorativos, como los motivos en espiga que se encuentran en iglesias bizantinas de todo el Epiro. En el interior, la restauración ha sacado a la luz varias capas de pinturas murales bajo frescos de principios del siglo XIX. La iglesia suele estar cerrada, pero normalmente se puede conseguir la llave preguntando en el pueblo.
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