La iglesia se construyó en tres fases. La parte más antigua, la oriental, es de finales del siglo X o principios del XI; la sección central la añadieron a mediados del siglo XIII el sebastocrátor Kaloyan y su esposa Desislava, y la ampliación occidental es de mediados del siglo XIX. La iglesia debe su fama sobre todo a sus frescos de 1259, pintados por maestros desconocidos sobre una capa anterior y considerados entre los ejemplos más completos y mejor conservados del arte medieval de los Balcanes.
En el interior puedes ver unas 240 figuras pintadas, muchas de ellas sorprendentemente realistas. Entre lo más destacado están los retratos de los donantes, Kaloyan y Desislava, los retratos del zar Constantino Tij y la zarina Irina, y las 18 escenas de la vida de san Nicolás. Para proteger las pinturas, la temperatura se mantiene baja y las visitas están muy controladas, así que el tiempo dentro es limitado. La iglesia se encuentra en un jardín tranquilo y frondoso.
Fácil de combinar con una excursión al Vitosha, la iglesia de Boyana es imprescindible para cualquier amante del arte y la historia.








