La calle lleva el nombre del general ruso Iósif Gurko, que liberó Tarnovo del dominio otomano en 1877. Sus casas, construidas sobre todo en el siglo XIX, tienen paredes blancas, pisos superiores de madera que sobresalen sobre la calle y pequeños jardines colgados sobre la garganta. Algunas son hoy museos o casas de huéspedes.
La calle ofrece bonitas vistas del meandro del río y del Monumento a los Asen, enfrente, sobre todo con la luz del atardecer.
Lleva buen calzado, porque los adoquines son irregulares, y sigue hasta la calle artesana Samovodska Charshia, a un corto paseo.




