El primer Sebilj lo construyó en 1753 el gobernador otomano Mehmed Pashá Kukavica. El que ves hoy es una réplica diseñada en 1891, bajo dominio austrohúngaro, por el arquitecto Alexander Wittek.
Sus paredes de madera tallada, sus pequeñas ventanas y su cúpula de cobre verde descansan sobre una base de piedra elevada con escalones, y la plaza que la rodea suele estar llena de palomas, por lo que los vecinos la llaman también la plaza de las Palomas. Un dicho popular asegura que quien bebe del Sebilj volverá algún día a Sarajevo.
La fuente es el punto de partida natural de un paseo por Baščaršija: la calle de los caldereros, el Morića Han y la mezquita de Gazi Husrev-beg están a pocos minutos a pie.








