Con la ciudad completamente cercada durante la guerra de Bosnia, el túnel se excavó a mano entre marzo y junio de 1993, bajo la pista del aeropuerto, para unir el barrio de Dobrinja con Butmir, al otro lado. Los trabajadores usaron palas y picos, a menudo con agua subterránea hasta los tobillos, y una vez abierto, el 1 de julio de 1993, el estrecho pasadizo sirvió para llevar comida, combustible, electricidad y personas dentro y fuera de la ciudad sitiada. Su entrada en Butmir estaba escondida en el sótano de una casa de la familia Kolar.
Hoy esa casa alberga el Museo del Túnel de Sarajevo. Puedes recorrer un tramo corto conservado del túnel, de unos 20 metros, y ver fotografías, material de la guerra y un documental que explican cómo funcionaba y cómo era la vida durante el asedio. El museo queda algo lejos del casco antiguo, así que la mayoría de los viajeros lo combinan con una visita guiada o van en taxi.
Visitar el Túnel de la Esperanza es una experiencia tranquila y que invita a la reflexión, y ayuda a entender la resiliencia de Sarajevo y de su gente.








