Del monasterio solo se conserva su iglesia principal, la iglesia de San Nicolás, que suele fecharse en el siglo XIII. En la Edad Media el monasterio dependía directamente del Patriarca de Constantinopla y no del obispo local. Su planta es insólita: dos naves paralelas cubiertas por cúpulas que se apoyan en un único pilar central y terminan en un doble ábside, que según algunos estudiosos permitía celebrar tanto el rito ortodoxo como el católico.
El verdadero atractivo es el exterior. Grandes bloques de caliza, probablemente reutilizados de edificios más antiguos, forman la parte baja de los muros, con ladrillo encima, y varios están tallados con relieves de animales, entre ellos un león, un águila y dragones. Cipreses y tramos de la antigua cerca rodean la iglesia, y en el interior se han descubierto recientemente murales bajo el enlucido posterior. En los últimos años ha habido obras de conservación, así que el acceso al interior puede estar limitado, pero solo las fachadas talladas ya compensan el desvío.
Combínalo con el manantial del Ojo Azul, un poco más adelante en la misma carretera, para una excursión de medio día muy completa desde Sarandë.








