Fundado en los años sesenta, el museo muestra cómo vivían y trabajaban los campesinos rumanos antes de la industrialización: granjas, iglesias de madera, molinos de viento y de agua, prensas y talleres, muchos de ellos todavía en funcionamiento y amueblados como estaban. En conjunto cuentan la historia de los oficios y la tecnología rurales de todos los rincones del país.
El recinto es lo bastante grande para un largo paseo; en verano los artesanos hacen demostraciones de sus oficios, y las ferias y los festivales folclóricos llenan de vida las callejuelas del pueblo.
Calcula al menos dos horas, lleva calzado cómodo y para a comer en la posada tradicional del recinto.






